sábado, 2 de enero de 2010

El preu de l'aprenentatge (El precio del aprendizaje)

Jo ús ulleres perquè de petit no em creia el que em deien si no ho comprovava per mi mateix. Em van dir: «No miris el Sol directament, et danyarà teus ulls». No ho vaig creure, i vaig haver de mirar el Sol fixament. Des d'aquell moment vaig aprendre que qualsevol aprenentatge té un preu, i que hi ha coses que per aprendre-las s'ha de pagar amb la vida.

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Yo uso lentes porque de pequeño no me creía lo que me decían si no lo comprobaba por mí mismo. Me dijeron: «No mires al Sol directamente, te va a dañar los ojos». No lo creí, y tuve que mirar al Sol fijamente. Desde ese momento aprendí que cualquier aprendizaje tiene un precio, y que hay cosas que para poder aprenderlas se tiene que pagar con la vida. 

jueves, 24 de diciembre de 2009

Com anar al cel i tornar (Como ir al cielo y volver)

Muñeca de musgo y hielo
que ahora duermes a mi lado,
te despertarás un día con cierto regusto extraño.
Te harás el desayuno,
yoghurt con cereales,
y cuando golpees la puerta notarás que todo es falso.
Sin fijarte que tropiezas con el gato,
ni con ese nombre que rayaste con tus llaves,
medio borrado.
Como las palabras que ya no me hablas.

Muñeca de azucar y barro,
que yaces en el sofá,
te levantarás una tarde presintiendo este final.
Mientras haces la cena,
rebanadas de pan tostado,
el estómago encogido te avisará que se ha acabado.
Sin mirar la foto de nuestras manos
que nos hicimos un día en la cama al caer la tarde,
no hace mucho,
cuando me hablabas sin palabras
de un amor largo,
como ir al cielo y volver;
de un amor loco,
como lluvia seca;
de un amor dulce,
como pastelillos de piñones;
de un amor salvaje como las películas de Truffaut.

Muñeca de mármol y sal
que un día me dejarás
todas las repisas vacías de tu ropa por planchar.
Removiendo los recuerdos,
mientras me hago la comida,
sopa de maravilla y un bistec con poca sal.
Sin parar de decirte cosas en mi cabeza,
como cuando dormías y yo estaba desvelado,
añorando todo,
cuando me hablabas sin palabras
de un amor largo,
como ir al cielo y volver;
de un amor loco,
como lluvia seca;
de un amor dulce,
como pastelillos de piñones;
de un amor salvaje como los que salen en las canciones.





Traducción hecha por mí de la canción 
"Com anar al cel i tornar", de Els Pets.


viernes, 20 de noviembre de 2009

Huída

Habiendo disfrutado de un mundo confortable durante la mayor parte de su vida, decidió salir y perderse. No es que quisiera ir a algún lugar en específico, simplemente no quería quedarse en donde estaba. En cuanto pisó la calle, corrió y corrió hasta donde sus energías y su voluntad le permitieron llegar. Mientras corría, escuchaba al viento susurrándole insultos con agresivos seseos. Los aguijones de la noche se le clavaban en la piel, desgarrando levemente su carne, menguando su desesperación, haciendo más violentos los latidos de su corazón.

Cuando ya no pudo más, cayó de rodillas al suelo abrigado por la luz de una Luna amarillenta. Sangre y sudor eran una misma cosa en su piel y se deslizaban gota a gota por su rostro. Sus jadeos, sin embargo, no denotaban desesperación, y poco a poco su respiración se fue acompasando. Las palabras del viento aún retumbaban en sus oídos, y cada vez se escuchaban más agudas, más cortantes, más hirientes. Lo soportó tanto como pudo haciendo acopio de sus últimas fuerzas, hasta que fue inevitable que lanzara un grito al cielo.

Aquel grito significaba todo lo que él significaba. Era tanto su frustración como su entusiasmo, tanto su alegría como su dolor. Aquel grito era su propia vida, y la entregó a la noche sin tener miedo de nada.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La ventana, el viento y la ausencia de la Luna

Trató de fijar su mirada en su sonrisa, y encontró unos ojos esquivos y tristes. La sonrisa se acentuó, pero a la vez fue evidente su falsedad. Intentó mantener la mirada, pero la radiante luz que emanaba de su cara le hizo apartar sus pupilas al suelo. Ambos respiraron un momento los mismos sentimientos e intenciones, aunque, luego de esos segundos, volvieron a su propia oscuridad, a la que algunas veces llamaban errores y otras veces ingenuidad.

Él tomó entonces ocho estrellas del cielo y recordó su origen antiguo, y con ellas trazó un mapa de luz que grabó en su conciencia. Se propuso entonces seguirlo y llegar hasta el final, convencido de que encontraría entonces algo más valioso que su propia felicidad, algo que sólo podía compararse con ver de frente a una divinidad. De tan solo imaginarlo se le heló la sangre.

Entonces él se dejó llevar y, cerrando los ojos, se puso a volar. Llegó a su ventana y posó su mano sobre el cristal. Ella estaba dormida. No quiso despertarla, aunque se preguntó si debía hacerlo. A fin de cuentas era una ocasión excepcional. Tocó el cristal suavemente y la llamó por su nombre. Cuando ella abrió los ojos la magia pareció terminar. Él intentó aferrarse para no caer, para al menos hablar un sólo segundo, pero fue demasiado tarde. Las obligaciones de ambos los hicieron alejarse y la sangre se volvió tibia de nuevo. Ella creyó que sólo había sido un sueño.

Él abrió los ojos y se sintió aturdido. Su corazón latía violentamente y sintió su cuerpo adolorido. Estaba solo en la negrura de la noche, con el mapa que había trazado ahí delante. Había tenido otra de esas visiones, más habituales día con día, pero con interpretaciones cada vez más vagas y confusas.

domingo, 18 de octubre de 2009

Contigüidad ilusoria

Anda, muéstrame los diamantes de tu paraíso,
mientras los mancillas y adecuas a mi desgarbada existencia,
removiendo de ellos toda su bella nobleza.

Anda, cuéntame una de tus historias, sin adornarla;
fría como el tiempo que hace fuera,
corta como los días de esta estación.

Anda, recítame de nuevo mi larga lista de errores;
desdeñando mis deseos, devaluando mis intenciones,
cortando lentamente viejos lazos que nos llaman.

Anda, apunta al cielo y extermina a esos pájaros risueños;
para ti no son de nadie, para ti ya no hay más sueños.
Espero que aun recuerdes los deseos navideños.